Entrevista a Miguel Ruiz

Hoy quiero empezar mi sección de entrevistas, hablando con un buen fotógrafo y mejor amigo,
Miguel Ruiz Jiménez.

 
 

¿Qué tal, Miguel?
Bien, escuchando de fondo algo de Bach, algo que indica que no estoy editando fotos.

¿No editas fotografías mientras escuchas música?
No lo prefiero. La música me inspira y relaja, pero cuando edito o fotografío prefiero mantenerme alejada de ella. La música puede contaminar algo la edición, haciéndote ver un interés que no existe realmente, y al tirar fotos, me puede despistar. Sólo en el darkroom se suele escuchar algo de música.

¿Cómo descubriste la fotografía?
Fue algo fortuito. Antes que la fotografía descubrí la cámara. Una mañana mi hermano me despertó con un anuncio en internet donde aparecía una cámara que despertó mi curiosidad, era una Leica. Desde ese momento comencé a interesarme por la historia de la marca y cuando quise darme cuenta, estaba interesándome por la historia de la fotografía. Al poco tiempo compré mi primera Leica, una pequeña D-Lux4 con la que empecé a explorar este fascinante mundo.

 
 

 ¿Qué te empujó a pasar del digital al carrete?
Recuerdo que tenía muchas ganas de probar una Leica telemétrica, hasta que día compré la primera telemétrica que se me puso por delante, sin preocuparme de si era digital o analógica. Era una M6 y mi único interés era poder notar esa maravillosa sensación de mirar por un visor telemétrico y apretar el disparador sin mayor preocupación que la de tomar una fotografía. Mi sorpresa vino cuando me dispuse a revelar mi primer carrete expuesto y al entrar en el fotolab de mi barrio me miraron con cara de sorpresa y me dijeron textualmente “blanco y negro ya no revelamos, ni nosotros, ni el 99% de los laboratorios que te vas a encontrar”. Acto seguido cogí mi carrete y me puse a estudiar. En una semana estaba revelando mis propias imágenes en casa.

¿Qué sensaciones te transmite disparar en película?
Es simple de explicar. Me trasmite sensaciones. Sin entrar en la fastidiosa dicotomía que existe al respecto del digital vs analógico, cuando disparo en película controlo absolutamente todo el proceso creativo de la imagen, con sus aciertos y sus benditas imperfecciones. Entre mi ojo, mis manos y algo de luz queda todo. La sensación de ver florecer la imagen es mágica, no se puede negar, consigues trasladar a un papel una imagen sin más ayuda que la de un papel fotosensible y algo de química. Te conviertes en un pintor con luz.

¿Qué has ido descubriendo en tus revelados y positivados?
He aprendido mucho. Sin perjuicio de los manuales sobre el proceso de revelado y positivado, la técnica de ensayo y error es la que más me ha hecho aprender. Ampliar los negativos me ha hecho ver muchos detalles que antes pasan desapercibidos. La ampliadora separa los tonos, te habla del contraste, te dice si debiste meter más o menos luz. Es tu profesor aunque no te hable.

Háblanos de la experiencia en el darkroom…
Es una experiencia tan fascinante con inexplicable. Nadie puede entender que una mañana de un sábado sea íntegramente destinada a estar dentro de una habitación sin luz y con un olor fuerte. Pero es así, es darkroom además de un sitio con poca luz y con mal olor, es un rincón donde ocurre algo mágico. Recuerdo la cara de todos aquellos que suben a contemplar la imagen cuando va apareciendo, nos convertimos en niños, es magia. Una vez has completado todo el proceso, detenerte a disfrutar una buena copia se convierte en sí en una experiencia. Aprendes a respetar muchos aspectos no sólo de la fotografía; aprendes que muchas de las cosas importantes de esta vida van a fuego lento, sin prisas, con cariño, pasión y respeto.

 
 

 

¿Tienes algún referente fotográfico?
Mentiría si no dijera que Henri Cartier-Bresson es mi referente. Su forma de simplificar y de meter en un marco todo lo necesario con orden y sintonía es única. A través de sus imágenes he conseguido empezar a entender de qué va esto, me he planteado los primeros porqués y he llegado en momentos a interesarme por ciertas imágenes que antes habrían pasado completamente desapercibidas delante de mis ojos. Pero hay muchos, pasando desde Josef Koudelka hasta Rafael Sanz Lobato. Leer a estos maestros no te hará mejor fotógrafo, pero si te demostrará la diferencia entre tomar un simple recuerdo o alcanzar una imagen creativa donde todo esté en su sitio.

Y, aunque menos importante, ¿qué equipo te gusta usar y con el que te encuentras más cómodo?
Me gusta usar equipo Leica. Su tamaño y calidad son una delicia. Los que nos movemos en 35mm sabemos que esa conjugación de calidad y tamaño son inalcanzables para otras marcas. La Leica permite camuflarte, su silencioso obturador te hace pasar desapercibido. Como diría Greeenpeace; es respetuosa con el medio ambiente, no contamina la escena. Desde hace tiempo sólo trabajo con una cámara y un objetivo. En ocasiones puedo cambiar de focal, generalmente entre 35 y 50mm. Mi equipo queda resumido en una Leica MP que empieza a mostrar sus dorados reflejos del tiempo y algún que otro golpe, a la cual le tengo acoplado actualmente un Summicron 50mm con el que estoy volviendo a descubrir la esencia de esta buena focal. No soy partidario de salir a hacer fotos con varios objetivos, como tampoco lo soy de cambiar entre color y banco/negro. Creo que debes centrarte exclusivamente en la escena. Todo lo que sea distraerte entre objetivos o soportes puede hacer que esa buena imagen se te escape. Cuando salgo a hacer fotos salgo a disfrutar de lo que tengo delante, olvidándome incluso de lo que he aprendido de fotografía.

Háblame sobre ti: gustos, aficiones…
Como bien sabes amigo Bruno, soy un gran aficionado de todas aquellas cosas que se me presentan como nuevas y desconocidas. No hay nada más increíble que entender el porqué de las cosas. Y como buen amante de la fotografía antropológica, también me apasiona otra de las grandes culturas del ser humano, en este caso la cultura embotellada de las cepas, sol y manos expertas. Como persona tranquila y sosegada, según me describen, una buena conversación entre fotos y un buen Palo Cortado de nuestra tierra puede presentarse como idónea para disfrutar de la verdadera esencia humana, y si además, se está en compañía de gente entrañable, es el momento perfecto para volver al principio de la conversación, poner algo de Enrique Morente y dejarse llevar por esta vida que tanto nos gusta fotografiar.

 

Muchas gracias Rafa, por tu amistad y por ser un referente fotográfico, como demuestra esta valiosísima galería con la que cerramos la entrevista: